Ribera ofrece a Scholz un gasoducto en ocho meses, pero lo condiciona a la colaboración de Francia y Europa

Ribera ofrece a Scholz un gasoducto en ocho meses, pero lo condiciona a la colaboración de Francia y Europa

Economía Scholz urge a un gasoducto desde España que abastezca Alemania de forma «masiva»

Teresa Ribera ha tendido una mano al canciller alemán, Olaf Scholz, que recientemente lamentó que todavía no exista el nuevo gasoducto entre España y Francia. Esta infraestructura se planteó antes de la guerra en Ucrania y fue rechazada porque entonces no parecía rentable. Ahora, sin embargo, Scholz considera que sería una «masiva contribución que hace falta de «forma dramática». La vicepresidenta tercera y ministra de Transición Ecológica, Teresa Ribera, cree que podría estar en marcha en ocho o nueve meses, pero recuerda que para eso hace también falta la ayuda de Europa y, sobre todo, de Francia.

En una entrevista en TVE, Ribera valoró así las opciones de la propuesta que ha lanzado el socialista Olaf Scholz, para sustituir el suministro europeo de gas desde Rusia por otro desde Argelia. Según Scholz, si ya existiese esta conexión, «Europa no estaría en la situación de carencia en la que ahora nos encontramos».

La ministra explicó que no ha hablado con el dirigente, pero «sí con el vicecanciller Habeck», responsable de Energía, y que ha trasladado «nuestra voluntad de contribuir a esa emergencia energética que están viviendo el centro y el norte de Europa con el chantaje energético de Putin». La idea es que España, que cuenta con el 35% de las plantas regasificadoras de la Unión Europea y en torno al 50% del almacenamiento en estas, se convierta en el puerto de entrada del combustible para Europa. Además, su conexión con Argelia, en este caso por gasoducto, también permitiría bombear gas al continente.

Crisis energética

Crisis energética.
Redacción:
CARMEN VALERO
BERLÍN

Scholz urge a un gasoducto desde España que abastezca Alemania de forma «masiva»

De momento, los ‘tubos’ que unen a España por Francia cruzan los Pirineos por el lado occidental, desde el País Vasco. Su capacidad, entre cinco y siete bcm (millardo de metros cúbicos de gas, por sus siglas en inglés) al mes, se puede aumentar a corto plazo y «pasar a ocho o nueve» con la introducción de un compresor adicional.

Mientras, la interconexión con Cataluña, tardaría en torno a ocho o nueve meses en estar disponible. Y eso, apuntó Ribera, desde el lado español. Se trata de «un proyecto que en su momento decayó porque no era viable económicamente en un contexto en el que el gas ruso era muchísimo más barato que el gas natural licuado». Ahora, no obstante, es clave, pero no depende sólo de España. De hecho, cambia por completo la concepción. Lo que antes se conocía como Midcat era un gasoducto únicamente para gas y en el que el flujo era de norte a sur -es decir, conectaba a España con el centro y el norte de Europa a través de los Pirineos-, mientras que ahora se plantea también para hidrógeno y se plantea de sur a norte.

La ministra explicó que han trasladado tanto al Gobierno alemán como a sus operadores gasistas la conveniencia de que Alemania sea invitada «a participar en el grupo de alto nivel que trabaja hoy en cómo hacer más efectivas las interconexiones con Francia». No tiene sentido, ilustró Ribera, que desde la península se trabaje en poner en marcha la interconexión si falla del lado francés.

La vicepresidenta también pone la pelota en el tejado de Europa. Y utiliza para ello el remate que hizo el canciller, pues considera que «la mayor ventaja» de sus declaraciones «es que ponen de manifiesto que las interconexiones entre estados de la Unión Europea no son una cuestión bilateral». Se trata, recordó, de «una cuestión importante para el conjunto de la Unión». Y, si bien «hasta ahora hemos estado viviendo esta situación prácticamente en solitario en conversación bilateral con Francia», una mayor implicación de las instituciones comunitarias «ayuda a allanar el camino y a facilitar una agilidad absolutamente imprescindible para poder culminar nuestros objetivos de interconexión, que están muy por debajo de lo que prevé la normativa europea». Y esto se debe, señaló la ministra, a «esa distinta sensación de urgencia o de conveniencia entre los distintos países».